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¿Y las energías renovables son sostenibles?

Foto del escritor: Restauración Ecológica
Restauración Ecológica
hace 2 horas
5 min de lectura

Luis Zambrano


Está claro que las energías fósiles —entre las que están las que se extraen por fracking— no son sostenibles. La razón más clara es que son la piedra angular que promueve el cambio climático, que ya está matando millones de vidas, destruyendo ecosistemas, reduciendo la capacidad de alimento y generando migraciones. Por eso no hay argumento para seguir promoviéndolas.

 

Ahora bien, como humanidad necesitamos de la energía para sobrevivir. Se han generado varias alternativas a las energías fósiles. Una de las primeras formas de generar energía alternativa son las plantas nucleares. En México tenemos una en Laguna Verde desde 1990. Esta forma de generar energía es muy eficiente, pero afecta localmente al ecosistema donde se establece y es necesario tener espacios para los desechos nucleares, que son extremadamente tóxicos. Pero quizá lo más grave de esta forma de generar energía es el riesgo de accidentes que pueden devastar regiones completas y por muchos años; tal es el caso de Chernóbil, en Ucrania, donde el accidente de 1986 mató a 31 personas y evacuó a 116 mil; y 40 años después sigue siendo una región que no se puede habitar.

 

La otra forma de generar energía se conoce como renovable porque surge de la interminable energía que genera la naturaleza. La primera es la generación hidroeléctrica; en México hay más de cinco mil presas, la mayoría construidas en el siglo pasado. Esta fuente de energía es la más popular de las alternativas, pues es más barata en el largo plazo y no produce CO2 al generar la energía; pero que a su vez genera muchos problemas. Tienen el gran defecto de modificar el ciclo hídrico de la cuenca, promoviendo salinidad y erosión lo que disminuye la biodiversidad terrestre y acuática. Además de promover el cambio de uso de suelo, afectando toda la región donde se acumula el agua y esto genera conflictos socioambientales al desplazar a muchos pueblos de la región. Estos sistemas dependen de una dinámica estacional estable (lluvias y secas) que les permita operar; si no hay estabilidad, no puede sr renovable; hoy en día las estaciones son todo menos estables gracias al cambio climático.

 

El resto de las energías renovables son la eólica, solar, de mareas y geotérmica. La pregunta es: ¿la generación de este segundo tipo de energías renovables es sostenible? La respuesta no es categórica puesto que depende de varios factores; comencemos con los más obvios. 1) No utilizan una fuente de energía que se agota; 2) ninguna de ellas aumenta significativamente el CO2 en la atmosfera; 3) puede afectar los ecosistemas donde se establece la infraestructura, pero no afectan a toda la cuenca o dejan el ecosistema irremediablemente contaminado, y 4) no aumentan la vulnerabilidad ambiental por algún accidente que tengan.

 

Bajo estos parámetros se puede decir que la generación de este tipo de energías está en el carril por donde transita la sostenibilidad. Pero para que estas energías estén bien encarriladas requieren de requisitos que no siempre se cumplen. Por ejemplo, su establecimiento puede aumentar la desigualdad energética y afectar a las poblaciones locales, como es el caso de la energía eólica en el sureste mexicano. El otro problema es el almacenamiento energético, del cual adolece en particular la energía solar, que requiere de materiales que se extraen con minería, afectando a otras regiones. Para resolver algunos de los problemas mencionados se requiere establecer una nueva relación con las personas que viven en el territorio donde se genera la energía; si no se hace, no puede ser sostenible.

 

Una ventaja de este tipo de energía es que, cuando se establece con un estudio profundo y multidisciplinar, permitiría generar energía para las siguientes generaciones, lo que está dentro de los carriles de la sostenibilidad. Esto no es fácil; hace unos años en la Universidad Estatal de Arizona tuve la oportunidad de escuchar un ejemplo sobre el potencial que tiene ese Estado desértico para generar energía solar. El análisis involucró zonas donde hay pocas nubes, de protección del ecosistema y a especies, poblaciones que podían verse afectadas, y cerca de líneas eléctricas de gran calado. El resultado fue que en todo ese estado quedaban pequeñas regiones Y por lo tanto no era negocio generar energía. Así, una gran idea con un estado donde potencialmente se puede generar energía renovable se cae frente a una evaluación multidisciplinaria de sostenibilidad.

 

Pero me quedo con el “no es negocio” porque es una pieza para comenzar a encaminarnos en la sostenibilidad. Si dejamos la generación de energía al libre comercio, nunca será sostenible. La inclusión de variables de protección ambiental y de equidad de las personas que viven en las zonas de generación hace prácticamente imposible “sea negocio”. La sostenibilidad nos llama a entender que nos estamos acabando el recurso con la forma en la que lo estamos explotando.

 

Repensarnos obliga a salir de nuestra área de confort para generar las soluciones reales y no las adyacentes. Un ejemplo sería el fenómeno de los autos de combustión interna que generan liberación de CO2 y contaminación en las ciudades. Se ha buscado una solución basada en tecnología con los autos híbridos y eléctricos. Pero los autos eléctricos están lejos de ser sostenibles; para que cada auto mueva a un pasajero (entre unos 60 a 90 kg) tiene que mover la tonelada y media que pesa el automóvil. Por lo tanto, requieren de la misma energía que uno de combustión interna, y esa energía tiene que salir de algún lado. Así que también genera contaminación, quizá lejos de la ciudad, y quizá su fuente es la energía renovable, pero sigue contaminando. Los automóviles eléctricos tampoco mejoran la eficiencia en términos de espacio, pues ocupan 9 m² para mover a alguien que sólo ocupa menos de un m². Finalmente, y esto aplica para todo este tipo de energía, es que la compra y utilización de estos autos se ha vuelto un fenómeno de estatus, no solo le lava la cara al que puede comprarlos para seguir contaminando de otra forma, también promueve la idea del que no tiene recursos contamina más por transportarse en un camión que expele mucho humo.

 

Así que, por sí sola, la tecnología automotriz es incapaz de solucionar este problema por muy glamorosa que se escuche. La solución recae en nuevas formas de pensar. La solución real es mejorar la eficiencia energética para mover personas, no autos; y la manera más eficiente es el transporte público transporta a más personas por unidad, lo cual reduce necesidades energéticas y de espacio por individuo. En resumen, no se soluciona el problema con autos eléctricos, sino con una reorganización social de movilidad. Pero esta solución no le gusta a nadie, pues la industria automotriz ha generado la cultura del auto como objeto del deseo y de estatus.

 

La solución sobre la energía sostenible es compleja, pues abarca desde el uso de suelo y cultura donde se genera, la equidad en su utilización, la eficiencia al usarla y costumbres que están vinculadas a su requerimiento. No será fácil establecer las políticas sobre esta forma de generar energía. Sin embargo, el primer paso es claro: dejemos de subsidiar en petróleo. Cuando menos una parte de la inversión destinada a Pemex debería ser utilizada en el impulso de energías renovables con mirada sostenible. El reto es grande, pues comienza con romper los atavismos de que el petróleo nos salvará. Otro atavismo es querer resolver todo sólo con tecnología, debe haber discusiones que abarcan la economía, la política, la sociedad y los ecosistemas. Estas discusiones deben ayudar modificar la cultura que tiene nuestra civilización actual para transitar por la sostenibilidad energética.

 
 
 

1 comentario


Vania Mendoza
hace 2 horas

Muy interesante, Gracias por la info!!! 🤩

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